Ciclo de vida de desarrollo seguro (SSDLC): qué es y cómo se implanta
Qué es el ciclo de vida de desarrollo seguro, qué se hace en cada fase, qué aportan SAST, DAST y SCA, y por dónde empezar si hoy no tenéis nada montado.
Activar el doble factor sigue siendo la medida que más ataques evita por menos dinero. Pero no todos los segundos factores valen lo mismo, y algunos de los que más se recomiendan llevan años siendo esquivables. Si buscas la definición corta, está en la ficha de doble factor de autenticación. Esto es lo otro: cuál elegir, por qué, y cómo se saltan los que no valen.
Autenticarse es demostrar que eres quien dices ser, y eso se hace con tres tipos de prueba: algo que sabes (una contraseña), algo que tienes (un móvil, una llave física) y algo que eres (una huella, la cara).
El doble factor consiste en exigir dos de tipos distintos. Dos contraseñas no son doble factor: son dos veces lo mismo.
Lo que resuelve es concreto y enorme: rompe el valor de una contraseña robada. Y como la mayoría de las intrusiones empiezan con una credencial válida, filtrada en otro sitio, reutilizada o robada por un infostealer, el segundo factor es lo que impide que esa credencial sirva para entrar. Sin él, un ataque de credenciales filtradas convierte cualquier filtración ajena en un robo de cuenta en tu empresa.
Lo que no resuelve es lo que viene después. Y ahí está el resto de esta página.
Esta página recomendaba antes el SMS y la llamada de teléfono como métodos válidos, sin ninguna advertencia. Era un error y se corrige aquí, porque es lo más importante de todo el artículo.
Un código por SMS se puede interceptar de tres formas distintas, y ninguna es exótica:
La llamada de voz tiene los mismos problemas y añade uno: hoy se puede clonar una voz reconocible con material público, así que "te llamamos para verificar" ha dejado de verificar.
Dicho lo cual, y esto importa: el SMS es mejor que nada. Si la alternativa realista en una empresa es no poner segundo factor, se pone SMS y se mejora después. Lo que no vale es publicarlo como si fuese buena práctica ni dejarlo puesto donde hay algo que proteger de verdad.
Las passkeys son la versión de esto que ya viene en el móvil y en el portátil, sin comprar nada. Por debajo son WebAuthn y FIDO2, que es el estándar que hace el trabajo, y su propiedad importante es esta: la credencial está ligada al dominio de la web de verdad. Si la página es una copia, el navegador sencillamente no la usa, y el usuario no puede equivocarse aunque quiera.
De ahí a quitar la contraseña del todo hay un paso, que es el enfoque passwordless.
Tres formas, y solo la primera es técnica de verdad.
1. Ponerse en medio. Es el adversary in the middle, y es lo que se ve hoy en phishing. La página falsa no guarda tu contraseña: la reenvía a la real en tiempo real, te enseña la petición de segundo factor auténtica, tú tecleas el código correcto, y el atacante se queda con la cookie de sesión que la web emite después. Con esa cookie ya está dentro, y el segundo factor no se vuelve a pedir porque ya se ha pasado.
Esto es lo que hace inútiles los códigos de seis dígitos frente a un phishing bien montado, y lo que hace que una passkey sí funcione: la passkey no se puede teclear en la página falsa.
2. Cansar al usuario. Con la contraseña ya robada, se lanzan peticiones de aprobación hasta que alguien pulsa que sí para que pare, normalmente de noche. Por eso importa que la aprobación obligue a teclear el número de la pantalla.
3. Rodearlo. Es la más frecuente y la más aburrida: robar la sesión ya iniciada con un infostealer (eso es secuestro de sesión), o entrar por un protocolo viejo que ni siquiera sabe pedir segundo factor. De eso va la sección siguiente.
Activar el segundo factor es el principio. Lo que decide el resultado es lo que se hace después, y suele quedarse a medias.
En entornos de Microsoft 365 esto es una revisión concreta y acotada de configuración: bastionado de M365.
Por orden, y sin necesidad de proyecto:
Para el orden general de prioridades, la guía de ciberseguridad para empresas; para cómo se usa esto en un fraude, la de suplantación de identidad. Y en contacto, un caso concreto.
Si algo de aquí se parece a un problema que llevas encima, media hora de llamada para acotarlo con un pentester vale más que leer otro artículo.
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