Desmagnetización
La desmagnetización es el borrado de un soporte magnético aplicándole un campo lo bastante fuerte como para desordenar la información que guarda. Se usa al retirar discos duros mecánicos, cintas y bandas magnéticas: bien hecha, el dato no se recupera, y hecha sobre un disco de estado sólido no borra absolutamente nada.
Cómo funciona
Un soporte magnético guarda cada bit como la orientación de una región del material. Un desmagnetizador genera un campo que supera la resistencia de ese material a cambiar de orientación y deja las regiones apuntando al azar. La diferencia con sobrescribir es importante: al sobrescribir queda un patrón nuevo encima del viejo, y aquí lo que queda es que ya no hay patrón que reconstruir.
Tiene un efecto secundario que conviene saber antes de comprar el aparato. En un disco duro mecánico, el campo también se lleva por delante las pistas de servo que escribió la fábrica, que son las que la cabeza usa para saber dónde está. El disco deja de arrancar y no se puede reutilizar. Es un método de retirada, no de reciclaje, y esa decisión hay que tomarla antes.
La guía a la que se refieren casi todos los procedimientos que se ven en auditoría es NIST SP 800-88, «Guidelines for Media Sanitization», que reparte el saneamiento en tres niveles, del más ligero al más definitivo: borrar, purgar y destruir. La desmagnetización es una técnica del nivel intermedio para soportes magnéticos. Qué nivel toca no lo decide el aparato, lo decide la clasificación del dato que había dentro.
Qué sale mal
El fallo más caro hoy no es desmagnetizar mal: es desmagnetizar donde no procede. Un disco de estado sólido, una tarjeta de memoria, un pendrive o el almacenamiento soldado de un portátil moderno no guardan nada magnéticamente. Pasarles un desmagnetizador no borra un solo byte, y sin embargo genera un certificado que dice que sí. Los discos híbridos son el caso peor, porque se les borra la mitad mecánica y conservan intacta la de memoria flash, así que el procedimiento parece haber funcionado.
El segundo problema es que no se ve. Un disco desmagnetizado tiene exactamente el mismo aspecto que uno que no lo está, así que la evidencia nunca es el disco: es el registro. Número de serie, quién lo hizo, cuándo, y contra qué inventario de activos. Sin inventario no hay forma de decir cuántas unidades salieron ni de darse cuenta de que falta una.
Y el tercero cambia el planteamiento entero. Si el disco iba cifrado en reposo desde el primer día, la retirada deja de ser el momento crítico: destruir la clave inutiliza el contenido de forma inmediata, vale para cualquier tecnología de almacenamiento y se puede hacer sin tener el aparato delante. La desmagnetización sigue siendo válida para lo mecánico, pero no puede ser el plan; es el último paso de un plan que empieza mucho antes.
Dónde aparece esto en una auditoría
En una auditoría de ISO 27001 el borrado de soportes se revisa en dos movimientos: primero el procedimiento escrito, y después el registro de las últimas bajas. Lo que suele aparecer en el segundo es un contrato con un gestor externo cuyo certificado dice «destrucción» sin decir método ni número de serie, equipos dados de baja en el inventario cuya salida física no consta en ninguna parte, y el cajón: portátiles y discos que ya nadie usa, que nadie ha retirado y que siguen conteniendo datos sin dueño.
Cuando lo que había dentro son datos personales, la pregunta que hay que poder responder no es qué máquina se usó. El RGPD no impone un método concreto de borrado: exige que el dato deje de estar disponible y que la organización pueda demostrarlo. Un procedimiento correcto sobre el soporte equivocado no demuestra nada, y es el hallazgo que más veces se repite.